El negocio de los dominios

El mundo de los dominios en internet tiene algunas similitudes con las acciones de la bolsa de valores. Una persona común elige un nombre para su dominio y lo adquiere junto con una extensión. Luego sucede que en algunos casos, como si de magia se tratase, el dominio adquirido empieza a ganar valor. El valor está determinado por la cantidad de visitas que tenga la página web. En dos platos, a mayor popularidad se va incrementando el valor de ese dominio.

Pero detrás de este aparente golpe de fortuna que convierte una frase o unas palabras en una mina de dólares hay un cerebro en acción, y mucha pero mucha astucia y dedicación para posicionar ese dominio “suertudo”. El autor material de todo esto es el “domainer”.

El domainer convierte una simple seguidilla de palabras y/o números (dominio) en una marca en sí mismo, en un activo. ¿Y como lo hace? Aplicando de manera diestra las herramientas para aumentar los niveles de tráfico, es decir utilizando las tácticas del SEO (Search Engine Optimization), conocido en español como “motores de búsqueda”.

Cuando se conoce el “modus operandi” de estos motores, se puede hallar las forma más rápida y eficiente para ubicar un dominio entre los primeros diez, lo cual se traduce en mayor probabilidad de que nuevos internautas lo vuelvan a visitar o lo conviertan en su sitio de confianza, incrementando así su valor y subiendo puestos en el ranking de los buscadores.

También se da el caso de dominios que aún no han llegado a ser convertidos en páginas web, pero ya alguien los ha comprado por lo estratégico de su frase, garantizando -aún sin usarlo-, el éxito seguro a aquel que lo compre. En estos casos los dominios son ofertados como si estuvieran en una especie de subasta, se vende a quien ofrezca más.

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